martes, 23 de junio de 2009

LA VOZ DE ALAN GRANDE

Por Augusto Álvarez Rodrich
La insólita censura de un medio en el Perú. Los que con razón critican los ataques a la libertad de expresión de Hugo Chávez, Rafael Correa, Evo Morales o Daniel Ortega contra los medios que discrepan de sus ideas ‘revolucionarias’, también debieran protestar cuando Alan García hace lo mismo, como ha sucedido con radio La Voz de Bagua Grande (LVBG).
En medio de la turbulencia en la amazonía, el MTC le canceló la licencia a dicha radio con una resolución que le imputaba tres incumplimientos: instalar la planta en un lugar distinto al autorizado, y no homologar la antena ni el transmisor.
Sin embargo, el abogado Roberto Pereira –en representación de LVBG y con el patrocinio de Ipys– ha explicado que sí se informó del cambio del lugar de funcionamiento; que en febrero se homologó la antena; y que el MTC le informó que podía homologar el transmisor inscribiéndose al plan anual de homologaciones pero sin precisar cuándo hacerlo.
Como no hay razones jurídicas para el cierre, se puede concluir que el gobierno lo hizo porque discrepa de su línea noticiosa. Si quedaran dudas, Yehude Simon –siempre tan transparente– lo reconoció el martes pasado en el programa Prensa Libre, donde dijo “libertad de prensa sí pero así no”.
El todavía premier señaló que los medios azuzaron a la población, pero su argumento es débil pues LVBG se escucha en Bagua Grande y los destrozos fueron en Bagua Chica. ¿Ha dicho algo el premier de los medios que le recomendaron usar napalm contra los indígenas? ¿Así ‘sí’ la libertad de prensa?
Lo que en verdad le molesta al gobierno es que LVBG hiciera una transmisión que no estuviera de acuerdo con su parámetro deseado. El problema de fondo es que el gobierno, en medio de su desesperación por su (des) manejo en los trágicos sucesos de la selva, quiere callar las voces críticas.
Ahora que la aprobación a García viene cayendo, crecerá el riesgo para la libertad de expresión, y entonces él hará lo que sabe hacer: persuadir a los propietarios para ‘modular’ las noticias y opiniones, despidiendo a los que no compartan su visión; llenar de publicidad estatal a los que ‘se porten’ bien –como ya sucede–; y cerrar a los incómodos como LVBG.
Esto ocurre en un contexto de peligro creciente para la libertad de expresión en la región. Desde Chávez y sus satélites respaldados por ideas censoras como las de Ignacio Ramonet –director de Le Monde Diplomatique en español–, hasta el Perú de García donde aparecen ideas parecidas como las de José Chlimper para reformar el código penal con el fin de tipificar los delitos de injuria, calumnia y difamación contra la nación. Algunos no entienden que el costo de vivir en una sociedad libre es tener que tolerar algunas cosas que no nos gustan.




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